domingo, 20 de diciembre de 2009

EL CARÁCTER DEL CABALLO


El caballo tiene en general un carácter muy manso, se le puede abordar fácilmente y con seguridad. Sin embargo, a veces algún caballo, más concretamente los potros, se asustan o desconfían del hombre y se ponen a la defensiva. En el caso de un caballo adulto, esta actitud proviene casi siempre de la torpeza del hombre, yo diría de su incompetencia. Unas relaciones normales con el ser humano le devolverán tal y como es en general: "simpático y atractivo".

Los caballos enteros son propensos a morder y a dar manotazos; las yeguas, en cambio, les gusta más utilizar sus posteriores, de ahí el dicho: "Desconfía del caballo por delante y de la yegua por detrás".

El caballo cuando se enfada avisa al hombre con su actitud: agacha las orejas, sus ojos adoptan una expresión amenazadora y malévola, sus quijadas se arrugan, sus labios se estiran y alarga el cuello.

No podemos equivocarnos acerca de sus intenciones: en ese momento su fisonomía es netamente amenazadora. Si piafa, azota con la cola, gira una oreja y aproxima los cuartos traseros hacia el hombre es que está preparando una coz.
Es prácticamente imposible evitar una coz. Si alguien piensa lo contrario se equivoca totalmente, puede darse el caso de que el caballo nos quiera prevenir y asustar para que le dejemos en paz, y para ello utiliza las muecas amenazadoras, las mismas que utilizaría si otro individuo de su misma especie le molestase. Cuando el caballo realmente quiere cocear es prodigiosamente preciso y rápido en sus intervenciones bélicas (donde pone el ojo pone el casco). Pero contrariamente a lo que pueda pensarse, existen pocos que sean de verdad malos. Un hombre de caballos verá rápidamente la diferencia entre un caballo peligroso y otro que tan sólo lo aparenta.
MANERA DE ABORDAR UN CABALLO DESCONOCIDO.-
Existe una mínima prudencia que debemos respetar al acercarnos a un caballo que no conozcamos.

El caballo reacciona a la suavidad, la firmeza y el respeto, pero no al temor. Todos los caballos están predispuestos a hacer bien las cosas, basta con hacerles comprender lo que queremos de ellos. Para ello, no hay nada más que la paciencia. Comprenderá únicamente por memorización de gestos repetidos, y esto puede llevarnos algún tiempo.

¡Cuántos caballos estropeados por la precipitación, por personas que, sin embargo dicen amarlos! Los años de contacto con el caballo, hacen a menudo que se desconfíe de quién debería ser nuestro amigo, ello es debido a que son pocas las personas que "sienten" verdaderamente a este animal. Tiene todavía que pasar mucho tiempo, antes de que nos demos cuenta que el caballo es ante todo un individuo, que no hay dos iguales, que su instinto difiere totalmente del nuestro, que puede darnos muchas satisfacciones sin estar, por ello, locamente enamorado del hombre, aunque sea la persona que le cuida. No le pidamos lo que desde el punto de vista sentimental, no puede darnos. El caballo debe respetarnos y nosotros respetarle a él, pero no intentemos que nos quiera; es un animal que siempre preferirá estar entre sus congéneres en un prado, que soportando nuestro peso sobre sus riñones.
"Querámosle tal cual es, y no como nos gustaría que fuese".

RECOMENDACIONES PARA ABORDAR UN CABALLO.-
Cosas que debemos hacer:

Advertirle con la voz, el caballo es muy sensible a los tonos de voz y se acomodará más fácilmente a una voz grave y suave, antes que a otra más alta y chillona. Registra rápidamente las diferencias de tono.

Ejemplo:
PASA CABALLO, tono normal y tranquilo.
¡HOLA AMIGO!, tono alegre, de felicidad, realzado.
¡¡BASTA YA DE HACER EL TONTO!!, tono seco, enfadado.

1º tono: sabrá que estamos presentes y cerca de él, se volverá para ver nuestros movimientos y comprender nuestras intenciones.
2º tono: si fisonomía vibrará, vendrá hacia nosotros juguetón o mimoso, según su temperamento.
3º tono: comprenderá perfectamente que estamos enfadados y dejará de hacer durante algún tiempo lo que estaba haciendo, en ese momento debemos acariciarle y adoptar uno de los primeros tonos.

Si desde potro le acostumbramos a estos modales, evitaremos los gritos y brutalidades que tan a menudo encontramos en el trato con los caballos, que le vuelven loco de terror e incomprensión. Esto irritará aún más al hombre y desencadenará una escalada de violencia totalmente absurda, en la que el ser inteligente (es decir el hombre), saldrá rebajado y será el responsable de todas las consecuencias.

Castigar a un caballo, tiempo después de haber hecho una tontería, no sirve de nada, si no es para aplacar nuestra propia cólera. Es mucho más inteligente recrear el simulacro , dentro de lo posible y enfadarse con el caballo justo en el instante en que empieza a hacer de nuevo la tontería. Cuando hablamos de enfadarnos con el caballo, nos referimos a nuestros ademanes externos, es decir debemos interpretar una pequeña representación teatral, de forma que el caballo piense que estamos realmente enfadados con él, pero en ningún caso debemos dejar que la cólera se apodere de nosotros; si alguna vez surge esta situación, lo mejor es que devolvamos el caballo a su box y nos marchemos a tomar algo, para recomenzar nuestro trabajo cuando nuestra cabeza piense con más claridad.

Es recomendable abordar a un caballo desconocido por su lado izquierdo, pero debemos acostumbrar al nuestro a hacerlo por ambos lados. Lo mismo debemos hacer para montar.

Cosas que no debemos hacer:
-Tocarle sin avisarle de nuestra presencia.
-Acercarnos a él extendiendo los brazos.
-Acostumbrarle a golosinas (que a menudo le damos para "comprar" su amistad).
-Ir directamente a su cabeza, la espalda del caballo es un punto de equilibrio para la aproximación. Por detrás de este punto, el caballo huye hacia delante. Por delante de él puede recular. Jugando entre estas dos posiciones podemos ir ganando terreno a un caballo difícil de coger en el prado, una vez cerca de él, deslizar vuestro hombro por debajo de su cuello, no adelantar las manos hacia él, entonces ir subiendo lentamente vuestro brazo a lo largo del cuello, hablándole con calma. Este punto de equilibrio también nos es muy útil para el trabajo a la cuerda.
-Dejarle que nos mordisquee.
-Atar un caballo que no conocemos.

Respetando todo lo dicho, entraremos en el decorado del caballo sin sorprenderle, él sabrá como agradecérnoslo.
No olvidemos que su instinto no está embotado como el del hombre, y presentirá vuestra intenciones, aunque estén camufladas, en la mayoría de las ocasiones.

fuente: ociocaballo.com

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