sábado, 12 de diciembre de 2009

SOLUCIONAR IMPREVISTOS


En la cuadra, jinete y caballo no están exentos de padecer un sinfín de situaciones inesperadas. El objetivo del artículo de este mes es arrojar algo de luz sobre cuáles son las más frecuentes en lo que respecta a los équidos, aportando algunas soluciones interesantes.
Dicen que la mejor defensa es un buen ataque, por ello, la mejor manera de combatir los imprevistos es previniéndolos. Al igual que nos pasa a todos, los caballos también pueden sufrir pequeños accidentes como consecuencia de sus actividades diarias (pequeñas heridas, lesiones o procesos de deshidratación, por ejemplo). Y por su envergadura, requieren de un manejo especial. Un buen mantenimiento de las instalaciones de la cuadra, contar con un equipamiento adecuado al número de ejemplares y la puesta a punto de unas completas medidas de seguridad permiten garantizar una mejor calidad de vida para los équidos. Pero si, de todos modos, se produce un imprevisto, deberemos estar preparados para afrontarlo.

ENCARAR UN ACCIDENTE
Cuando se produce un imprevisto, lo primero que hay que hacer es determinar la gravedad del mismo. De este modo, los percances que puede llegar a sufrir un caballo pueden dividirse en dos grupos, en función de si necesitan de la presencia de un veterinario o pueden ser solucionados por los propios jinetes o cuidadores (en este último supuesto, será necesario que éstos posean un conocimiento básico sobre primeros auxilios). Así, será requerida la presencia del veterinario cuando el caballo:

- No muestre el carácter de siempre y su comportamiento sea extraño.
- Produzca una salivación fuera de lo común.
- Su temperatura corporal sea superior a los 38 ºC.
- Se perciba una pérdida del equilibrio del animal, así como un tambaleo al caminar o parezca atontado.
- Presente una hemorragia que no se detiene.
- Se tumbe y no quiera levantarse.

En otras ocasiones, el animal manifestará pequeños problemas que no requieren los servicios urgentes del veterinario. Para tratarlos, sin embargo, será imprescindible tener en reserva un botiquín de primeros auxilios que irá supervisándose regularmente para comprobar que ninguno de los productos esté caducado o deteriorado por el paso del tiempo. El botiquín deberá constar de:



PRINCIPALES CONTRATIEMPOS
Los cuidadores de caballos se enfrentan a contratiempos con mucha frecuencia. Son los siguientes:

1. Rozaduras causadas por el equipo
Todo caballo de trabajo está expuesto a lesiones provocadas por su equipo, sea éste de la calidad que sea. Dichas lesiones pueden ser provocadas por la cincha, por la silla (y aparecer las heridas en el dorso o en la cruz), o por el material del pecho petral o la retranca. Este tipo de heridas empiezan por sanarse higienizándolas, durante el baño, con una solución jabonosa desinfectante; posteriormente, será efectivo desplazar unos centímetros el punto de contacto del equipo con el caballo. Pueden usarse protectores de borreguillo u salvacruces para evitar que se reproduzcan.

2. Pequeñas heridas
Los caballos, debido a su tamaño, presentan facilidad a la hora de sufrir pequeñas heridas al adentrarse por paso estrechos, caminos angostos o densas vegetaciones en su rutina cotidiana de paseo o deporte. Los cascos y las extremidades son las partes que suelen verse más afectadas, a la vez que son zonas muy delicadas que deben ser tratadas inmediatamente para que no desarrollen infecciones muy complejas de curar. El primer paso que hay que seguir para curar una herida sangrante es limpiar bien la zona con agua fría. De este modo se conseguirá que los vasos sanguíneos se contraigan y la herida deje de sangrar. Cuando la herida esté limpia, podremos valorar su gravedad. Si por su profundidad exige puntos, habrá que llamar a un veterinario. Mientras tanto, vendaremos la herida. Si se trata de un herida superficial, después de lavarla con una gasa limpia –de dentro hacia fuera–, volveremos a lavarla con jabón desinfectante y, acto seguido, aplicaremos una solución salina. Cuando se haya secado la zona, y sin que haya vuelto a ensuciarse, aplicaremos una pomada que ayude a regenerar la piel del animal. Una herida puede sangrar hasta media hora. En caso de sangrar más tiempo, habrá que llamar al veterinario.

3. Lesiones en las extremidades: prevenir es curar
Golpes, pisotones... las extremidades del caballo están expuestas a sufrir mil y una agresiones. Tomar unas pocas medidas preventivas puede reducir el riesgo de padecer lesiones mayores. Así, por ejemplo, el uso de vendas de reposo después del trabajo impide el entumecimiento de los tendones (también existe una versión de estas vendas para las operaciones de transporte). Eso sí, sólo se pueden usar un máximo de 12 horas seguidas. Otros elementos: las campanas y protectores (en especial, para los caballos de salto). Los cascos, por su parte, también pueden verse lesionados al pisar cristales o cualquier otro objeto punzante. Si la punción en el casco es de carácter superficial, la herida se solucionará sola, pero si es muy profunda, habrá que avisar al veterinario.

4. Tomar la temperatura
El comportamiento de un caballo puede pasar de ser normal a extraño a causa de la fiebre. Este síntoma es una señal que alerta de que el animal puede estar desarrollando una dolencia que será necesario identificar cuanto antes. Para tomar la temperatura se suele utilizar un termómetro. Sin embargo, para comprobar si un ejemplar tiene fiebre cuando se encuentra lejos de la cuadra (y no tenemos un termómetro a mano), hay que enfriarlo y tomarle el pulso. A continuación, se le tocan las orejas: si están calientes, pueden ser un síntoma de fiebre. En este caso, habrá que volver a la cuadra lo antes posible y comprobar la temperatura del équido, esta vez con el termómetro, antes de alarmarse, porque las orejas pueden estar calientes por otras causas. Lo que sí es seguro es que sí están frías, el caballo no tiene fiebre.

5. Deshidratación
Los caballos pueden deshidratarse porque no tienen suficiente agua a su disposición o porque han realizado un esfuerzo considerable y todavía no han tenido la oportunidad de beber. Una manera de comprobar que un caballo está deshidratado es pellizcándole la piel. Si ésta vuelve a su posición inicial, querrá decir que el caballo está bien hidratado. Por lo contrario, si la piel tarda más de tres segundos en recuperarse, estaremos ante un síntoma de deshidratación. En este caso, se le debe dar al équido agua abundante e, incluso, un baño.

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