jueves, 18 de marzo de 2010

EL CASCO DE LOS CABALLOS



Esta estructura esta formada principalmente por Suela (que en su unión con la muralla forman la “línea Blanca”), Muralla (en su unión con la piel forma la “corona”, la zona posterior los talones y anterior las “lumbres o pinzas”) y la Ranilla (estructura triangular con 2 “surcos” laterales y uno central)

En los cascos son frecuentes las lesiones como clavaduras de objetos punzantes, incrustación de piedras y objetos extraños, fracturas de la muralla, pudriciones provocadas por bacterias u hongos. También son reflejo de enfermedades como laminitis, periodos de estrés alimentario (se forman surcos por deficiencia nutricional), y acusan malos herrajes.

La limpieza e inspección del casco es fundamental para la salud del caballo. Hay que realizarla a diario, especialmente antes y después de montar. Para esto se utiliza una sencilla herramienta denominada Ranillero o limpiacascos.


En la limpieza hay que retirar todo el material adherido, inspeccionar los surcos de ranilla en busca de clavaduras, cortes, grietas (es caso de resequedad) o mal olor en casos de podredumbre. En la suela revisar clavaduras o hematomas y especial atención a la línea blanca en busca de hormigueros (túneles formados por hondos o piedrecillas que separan la muralla de la suela). En la Muralla revisar su integridad, temperatura al taco, buscar fracturas y heridas o deformidades en la corona. El herraje debe ser inspeccionado, tanto aplomos como calidad y frecuencia del herrado.

Una buena salud de casco no solo requiere una limpieza frecuente, también necesita de un adecuado herraje, una buena calidad nutricional (existen suplementos con Biotina para mejorar los cascos) y conocimiento individual del caballo y su ambiente. Ya que hay caballos de casos secos y otros de cascos blandos, los que se manejan con distintos productos dependiendo de la humedad del suelo, cama de la pesebrera y clima.

Dr. Iván Herrera.

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