miércoles, 6 de julio de 2011

Morfología en el caballo de doma



A lo largo de este artículo vamos a analizar de una manera superficial la morfología que debe tener un caballo con el que pretendemos hacer buenos ejercicios de doma clásica o competiciones en esta disciplina de la equitación. En principio, debemos observar al caballo de una manera global, como una pieza. Desde este punto de vista, nos fijaremos en la anatomía general del caballo, desde su conformación de la cabeza, junto a la unión del tercio anterior, llegando finalmente al tercio posterior y a las extremidades. Debemos fijarnos si el caballo está equilibrado entre el tercio anterior y el posterior.

El tercio anterior carga alrededor del 60-65% del peso del caballo, ya que es la parte en la que se encuentra la caja torácica. Pues bien, en este momento hay que observar cómo, y de qué manera se encuentra la morfología y la musculatura del tercio posterior, ya que si el tercio posterior no se encuentra en concordancia con el anterior, va a ser muy difícil que el caballo durante el trabajo, pueda mantener su punto de equilibrio junto con la masa corporal y el movimiento, por lo tanto, nos va a costar mucho más llegar a realizar los ejercicios de pista correctamente.

Por ejemplo, un caballo que tenga un buen tercio anterior, pero que por otro lado tenga el tercio posterior más debilitado, con falta de musculatura, con mala conformación anatómica, seguramente durante el trabajo, y debido a la falta de fuerza en el tercio posterior, va a estar cargando peso sobre las espaldas, lo que le va a dificultar en gran medida, realizar movimientos con soltura, amplitud y hacia adelante.




Sería más difícil tener la situación al contrario, ya que aunque en caso contrario el tercio posterior fuera bueno y el anterior más desigual, el caballo encontraría su punto de equilibrio más fácilmente, sentándose y remetiéndose sobre sus posteriores y disimulando en cierta medida sus carencias en el tercio anterior.

Ahora supongamos que tenemos un caballo que a simple vista está bien conformado en ambas partes, el siguiente punto a observar es la línea superior, que va desde la nuca, pasando por el cuello, dorso, grupa y cola.

Nos fijaremos en qué forma tiene el cuello, lo ideal es que sea ligeramente arqueado hacía arriba, pero sin llegar al punto de tener cuello de cisne. Después explicaré los motivos. Un buen cuello nos va a permitir una más fácil reunión y un mejor contacto, con más flexibilidad de la musculatura del cuello y tórax.

Lo siguiente a observar es el dorso. Un buen dorso para doma es aquel que viene siendo más o menos recto, y en el que la nuca está ligeramente más elevada que la grupa, la cual terminará inclinándose suavemente, en concordancia con los huesos del ïlion y el isquion. Es ahí donde nacerá la cola, que si todo es correcto, tendrá una posición descendente desde el punto más alto de la grupa.

La importancia de que la cruz esté por encima del punto más alto de la grupa, nos afecta después en el movimiento, ya que con esta morfología diríamos que es un caballo que está cuesta arriba en su forma natural, y que por lo tanto debería serle mucho más fácil liberar peso de las extremidades anteriores y cargarlo sobre las extremidades posteriores, llegando así más fácilmente al punto de equilibrio y reunión durante el movimiento.

En cuanto a la forma del cuello, he de decir que un cuello de ciervo, o invertido, hace inevitablemente que el animal hunda el dorso para llegar a una reunión aparente, con lo que estaría digamos en cierto modo cortando el circuito de energía en movimiento que trata de llevar la energía del movimiento de detrás hacia adelante y siempre con deseo de avanzar.

Al hundir el dorso, toda la musculatura de la línea superior se ve perjudicada, por lo tanto el caballo no va a poder remeter los posteriores bajo la masa, no va a poder soltar las espaldas, y el efecto que produce a la vista es que el animal está intentando disimular su defecto, pero que es un caballo que no mete los pies debajo de la masa, al estar cargando más peso delante, tiene un trote a la visto como más rígido, menos flexible etc. Lo mismo pasaría en cierto modo con los animales que tiene el cuello de cisne, pero de una manera un poco diferente, pero con resultado similar.




Hemos de buscar una animal que durante el trabajo y con un jinete encima, tenga una condición morfológica apta como para arquear el dorso trabajando de esta manera la musculatura dorsal y abdominal, haciendo como una pelota de energía junto con las extremidades anteriores posteriores y el cuello, de manera que durante el movimiento, esa energía vendrá fabricada desde los posteriores que estarán trabajando debajo de la masa, para pasar por la línea superior y llegar a la embocadura y contacto. A partir de este punto es cuando se pueden empezar a hacer bien los ejercicios de pista. Y por supuesto no hace falta mencionar que el motivo de no llegar a la reunión no tiene por qué ser por culpa de la anatomía del caballo, sino por la manera en la que se le monta.

Hay caballos con malas o deficientes condiciones morfológicas que en manos de buenos jinetes llegan a disimular y a trabajar con eficiencia y buenos resultados. Y caballos que anatómicamente serían perfectos para la doma clásica pero que en manos de un jinete inadecuado para ese caballo, resulta ser nefasto, con unos movimientos torpes, a golpes, agresivos, descoordinados con cambios en el ritmo, rectitud y soltura.



Texto y fotos: Laura López.
Facultad de Veterinaria de León.

fuente:  http://www.europaacaballo.com/

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