lunes, 1 de abril de 2013

MASAJES PARA EL CABALLO

El masaje es un sistema terapéutico natural que aporta gran cantidad de beneficios al animal; al reducir la tensión muscular ayuda, entre otras cosas, a prevenir los desgarros, aumentar la circulación, relajar la zona... en definitiva es un método más que eficaz para evitar la aparición de lesiones. 
Pero no sólo eso, el masaje es también una de las mejores formas que tenemos para establecer un estrecho vínculo persona/animal. 

En esta nueva sección aprenderemos cómo dar diferentes masajes a nuestro animal. 

BENEFICIOS DEL MASAJE 
LOS EFECTOS DEL MASAJE 
PRINCIPIOS BÁSICOS PARA LA REALIZACIÓN DE UN MASAJE 
CUÁNDO REALIZAR UN MASAJE 
LA DURACIÓN DEL MASAJE 
LAS RESPUESTAS DEL CABALLO ANTE EL MASAJE 
PRINCIPIOS GENERALES PARA DAR UN BUEN MASAJE 
CONSEJOS GENERALES PARA LA REALIZACIÓN DE UN MASAJE 
LOS MOVIMIENTOS 
GOLPETEOS 
LA IMPOSICIÓN DE MANOS 
RESUMEN 

BENEFICIOS DEL MASAJE
La función principal del masaje es la de preparar al músculo y a las articulaciones para el posterior esfuerzo, consiguiendo que éstas funcionen en completo rendimiento. 

Y es que, aunque el masaje se realice para una zona en particular, con seguridad afectará a todo el cuerpo del animal. Debemos tener en cuenta que un masaje siempre supone una relajación y un animal que se encuentre relajado siempre estará más tranquilo y consecuentemente más preparado para aprender. Una preparación tanto mental como física, puesto que los músculos también podrán ser utilizados con mayor eficacia y sin el constante temor a que resulten dañados. 

Podremos observar como el caballo salta y corre mejor y eso se fundamentará en el hecho de que su musculatura estará caliente y relajada, lo que le hará confiar más en sus propias capacidades; efectivamente, confiará más y mejor en su capacidad motriz y estará mejor equilibrado. Podrá pasar por encima del miedo, la tensión y el dolor. 

La relajación conlleva un estado anímico mucho más equilibrado y saludable; por tanto más abierto al exterior, más proclive a relacionarse. 

Además el uso del masaje reducirá notablemente la necesidad de medicamentos, puesto que sirve igualmente para aliviar el dolor. 

Pero sumados a todos estos beneficios físicos para el caballo; existe otro punto que se verá igualmente recompensado: la relación entre el caballo y el jinete. El contacto que exige la realización de cualquier masaje conlleva el establecimiento de un vínculo entre la persona que lo realiza y el animal, generándose un clima de confianza que hace que el caballo responda mucho mejor a cualquier tipo de tratamiento. 
Por supuesto la persona que realice el masaje (el fisioterapeuta o en su caso un jinete experimentado) deberá conocer a la perfección la situación del animal, de tal manera que el masaje se integre dentro del tratamiento curativo que esté recibiendo. 

Gracias a un masaje podemos llegar a determinar dónde existe la tensión, el miedo al contacto, el dolor o la lesión; que en cualquier caso siempre supondrá una limitación para el funcionamiento correcto del caballo. 
En general, podemos listar los siguientes beneficios del masaje:

Mejora la circulación. 
Disminuye la tensión. 
Mejora el tono muscular. 
Alivia la congestión . 
Aumenta el número de glóbulos rojos. 
Ayuda a la eliminación de toxinas. 
Relaja los espasmos musculares. 
Ayuda a devolver sangre venosa al corazón. 
Aumenta los nutrientes en los tejidos. 
Aumenta el suministro de sangre y nutrientes a los músculos. 
Y por encima de todas ellas, la capacidad de crear el mejor de los vínculos entre el caballo y el jinete.



LOS EFECTOS DEL MASAJE

El objetivo principal de un masaje es el de tratar las masas de tejido blando del cuerpo mediante diversas técnicas manuales. 





En nuestros días está considerado como una técnica alternativa a utilizar después de una lesión y efectivamente puede mejorar la recuperación del tejido lesionado; ahora bien, lo más importante es siempre utilizarlo como método preventivo, esto es, aplicarlo siempre antes de iniciar la sesión de trabajo.





Con el masaje previo se conseguirá preparar el cuerpo del caballo para el ejercicio posterior, mejorando así su rendimiento y evitando las lesiones. Por supuesto, también deberá realizarse después del ejercicio, con el objetivo de reducir la fatiga muscular, garantizando una rápida vuelta a la normalidad. 

En general podemos hablar de tres efectos principales del masaje: 


Mecánico: favorece el paso de la sangre venosa cargada de sustancias residuales cuando se dirige hacia el centro del cuerpo.

El masaje mejora de forma notable la circulación, permitiendo una buena aportación de nutrientes a los grupos musculares.


Con la eliminación de sustancias residuales de los músculos se mejora el estado general de salud. 

Reflejo: efecto relajante. El deslizamiento de las manos por la superficie de la piel provoca impulsos en las pequeñas terminaciones nerviosas, impulsos que se convierten en señales que llegan al cerebro, provocando una relajación muscular local. 


Estimulante: realizando ejercicios enérgicos con las manos se puede provocar la estimulación de determinadas zonas. 



Además, con el masaje se consigue aumentar la relación afectiva establecida con el caballo (sobre todo si éste es joven), el cual aprenderá a relajarse, aceptando cada vez mejor las instrucciones dadas por el masajista. 



Ahora bien, debemos tener bien claro que el masaje nunca puede sustituir al ejercicio, por sí mismo no sirve para desarrollar la fuerza muscular. 



Además debe considerarse al masaje como una de las mejores técnicas de diagnóstico que existen, puesto que con él podremos detectar irregularidades en el animal mucho antes de que éstas sean plenamente visibles. Para ello debemos ser capaces de notar con precisión lo que palpamos con nuestras manos, lo que exige un pleno conocimiento de las zonas sobre las que se trabaja, así como del método de trabajo. 

Algo que sólo se consigue con la experiencia.





PRINCIPIOS BÁSICOS PARA LA REALIZACIÓN DE UN MASAJE



Si hay algo importante a la hora de dar un masaje es que cada movimiento y/o contacto que se realice deberá tener un propósito claramente preestablecido. Debemos tener claro que con el masaje lo que se busca es aliviar un síntoma o liberar una contractura, aumentando el calor y la circulación; en ningún caso debemos confundirlo con las caricias afectivas. 


Por eso el masajista deberá estar totalmente centrado en el ejercicio que está realizando, pensando que cada una manipulación, cada estiramiento, cada flexión, deberá ser lo más eficiente posible. 


A nivel general podemos diferenciar dos tipos de masajes: 

Sedativo: con un ritmo lento y pausado, puesto que su objetivo es el de relajar al animal. Debe realizarse con una presión suave. 


Estimulante: realizados con mayor presión y con un ritmo más marcado, que permita estimular la zona. 


Antes de realizar un masaje se deberán examinar los músculos, determinando dónde existen los desequilibrios. Si el objetivo es el de rehabilitar una zona, lo mejor será comenzar el masaje en el lugar más lejano a la lesión, de tal forma que evitemos cualquier reacción dolorosa que provoque que el caballo sienta mayor tensión. El primer objetivo es conseguir que el animal se relaje, para que nos deje trabajar en la zona cercana a la lesión. 


Tras varios masajes el caballo comenzará a sentir conciencia de sí mismo y aprenderá las reacciones habituales, pero también sabrá diferenciar claramente los beneficios que obtiene, cómo es capaz de utilizar su cuerpo y sus músculos de otra manera. 




Esto se consigue porque el masaje produce estímulos en un nivel de la corteza cerebral y estos estímulos despiertan nuevas reacciones. Un masaje bien realizado produce liberación de endorfinas, sustancias responsables de la sensación de bienestar. De esta forma, el caballo supera la tecnicidad, por haber compensado un dolor determinado y descubre cómo aprovechar su capacidad locomotriz de la forma más eficaz. 




Siempre resulta recomendable que el masaje sea dado por un fisioterapeuta que conozca a la perfección el estado del animal. Este fisioterapeuta deberá entrar en contacto sensible y profundo con el caballo, para que la terapia resulte efectiva. Y es que no basta con ser muy bueno a nivel técnico, puesto que es necesario meterse en el campo del animal, conocer su lenguaje corporal y psicología, para poder entender sus reacciones y saber darles una explicación. 




Por ello para ser un buen fisioterapeuta, la técnica siempre debe ir unida a una gran sensibilidad y a unas buenas dosis de paciencia. 




Debemos tener muy presente que aunque un animal presente una incapacidad física, ésta no es sinónimo de incapacidad mental. Por ello si somos capaces de estimular correctamente sus partes sanas, será capaz de aprender a utilizar sus articulaciones, tendones, músculos y columna de una manera mucho más inteligente. 


Al igual que hace el hombre, el caballo levanta contra sus dolores una serie de corazas corporales de las que deberemos ayudarle a salir. 


Tenga en cuenta que el fin del masaje es siempre la búsqueda del mayor bienestar para el animal. 




CUÁNDO REALIZAR UN MASAJE




Existen determinadas situaciones en las que el uso del masaje resulta especialmente recomendable. 


Considérelo siempre que observe algunos de los siguientes puntos: 




El caballo corcovea. 




Se queja de dolor en el lomo. 




Animal que muestra síntomas de clara timidez (el masaje le ayudará sin duda a abrirse al mundo). 




Cuando se resista al aseo. 




Para dolores de cabeza o cuello. 




Siempre que se muestre nervioso o tenso. 




Cuando vaya a esquilarlos. 




Para caballos que se muestran resistentes a la consulta veterinaria. 


Si se muestra desganado o irritable. 


Está demostrado que resulta enormemente útil para los caballos de competición, puesto que se ha demostrado que su nivel de concentración es mucho mayor tras el masaje. 


Además de en todos estos casos, el masaje resultará ciertamente beneficioso siempre que exista enfermedad, puesto que relajará el estrés causado por dolor. 


Y es igualmente bueno para los potrillos, puesto que les ayudará a tomar confianza ante su nueva situación. 


Por otro lado, a la hora de dar un masaje a un caballo deberemos procurar escoger el momento de mayor receptividad del animal; asimismo deberemos enmarcarlo dentro de la actividad diaria del caballo, para que resulte lo más eficaz posible: tras la hora del baño, tras el trabajo, antes de dormir... son buenos momentos para este tipo de actividad; si bien todo dependerá de las características de cada caballo y de sus necesidades. 


En cualquier caso, deberán ser tenidas en cuenta una serie de puntos: 




Comprobar el estado de salud del caballo; resulta imprescindible asegurarnos de que no existen contraindicaciones antes de proceder con el masaje. Nunca realizaremos un masaje a un caballo muy cojo que no haya recibido la visita de un veterinario, ni si tiene linfangitis o presenta un problema cutáneo... 


Nunca se hará un masaje a un caballo cuya temperatura sea superior a 39ºC, puesto que esto supone fiebre y la fiebre siempre exige reposo absoluto. 


Ante cualquier situación que podamos considerar “anormal”, consultaremos previamente al veterinario. 


Nunca realizaremos un masaje a un caballo que se encuentre inmovilizado. 

En caso de que exista una herida abierta o que se encuentre en fase de curación, podremos realizar el masaje en el resto del cuerpo. 


Si existe un traumatismo grave, aplicaremos hielo en las primeras horas. 




Deberemos establecer unos hábitos sobre los que se basará el trabajo. Debemos ser conscientes de que el caballo aprende por repetición y asociación, por lo que si asocia el masaje a un momento en concreto del día o a unas determinadas situaciones, lo estará esperando y por tanto lo aceptará mejor y se encontrará más predispuesto. 




Por último, señalar que no existen reglas escritas sobre el tema de los horarios, todo dependerá de las características del animal que nadie mejor que el cuidador conoce. 






LA DURACIÓN DEL MASAJE



En función de si se trata de los primeros masajes o de una sesión más, el tiempo empleado para su realización variará. 


Los tiempos estimados para la realización de los diferentes masajes son: 




• Primer masaje: realizaremos un masaje de relajación, con movimientos suaves, evitando presiones bruscas.




Este primer masaje debe servir para ganarnos la confianza del animal y deberá durar entre 10 y 20 minutos. Por supuesto esto puede variar en función de las reacciones que muestre el caballo. 




• Masaje de cabeza: complementa a la fase previa de relajación y puede durar entre 10 y 30 minutos. 




• Masajes de mantenimiento: sirven para mantener los músculos en forma. Los primeros deberán durar entre 30 y 40 minutos, alargando las sesiones a medida que el caballo se va habituando más. 




• Un masaje de mantenimiento de más de una hora no es algo inusual si bien deberemos vigilar el estado del caballo, puesto que pasada una hora puede comenzar a ponerse algo nervioso. 




• Masaje de recuperación: sirve para prevenir rigideces y bloqueos musculares tras el ejercicio físico, debiendo durar entre 20 y 30 minutos. 




• Masaje terapéutico: por supuesto siempre consultaremos con el veterinario antes de realizar un masaje de este tipo si bien su duración nunca será superior a los 50 minutos. En estos masajes se deberá dejar un tiempo para la hidroterapia y otro para los ejercicios de estiramiento.


En un principio los masajes serán cortos, aumentando de manera progresiva según se disminuye el grado de la lesión.




Cada caso deberá estudiarse concienzudamente para saber cómo actuar. 




LAS RESPUESTAS DEL CABALLO ANTE EL MASAJE

Mientras realizamos un masaje a nuestro caballo deberemos estar bien atento a sus reacciones, puesto que de ellas podremos aprender mucho. 


Si es la primera vez que realizamos el masaje, el caballo sentirá una enorme curiosidad por lo que le está pasando, algunos se quedan totalmente parados dejándose hacer, mientras que otros se mostrarán inquietos, nerviosos o incluso a la defensiva. 


Es preciso que reconozcamos lo que desea transmitirnos con su “lenguaje corporal, puesto que habrá que ir adaptando el masaje a lo que el caballo siente. Así signos habituales de temor son: cabeza alta, orejas hacia atrás, expresión de nervios, agitación de la cola, rápida respiración... mientras que transmitirá relajación y placer siempre que baje la cabeza, ladee las orejas, suspire... 


Lo normal es que, tras unas pocas sesiones, el caballo termine por aceptar la actividad del masajista, disfrutando del momento del masaje. A pesar de eso, podemos encontrarnos con ejemplares que no sean capaces de aceptar el masaje, lo cual suele venir motivado por tres causas principales: 

Antecedentes traumáticos: malos tratos, que le hagan reticente al contacto con el hombre. 
Accidentes: que hayan lesionado la zona. 

Timidez ante el contacto: suele venir motivada simplemente porque el hombre no les ha prestado la suficiente atención, por lo que nunca han tenido relación con el ser humano y se cohiben ante su presencia. 

De cualquier manera y sobre todo en los primeros masajes, convendrá acercarse con suavidad al animal, hablándole de manera tranquilizadora. 

PRINCIPIOS GENERALES PARA DAR UN BUEN MASAJE


Para que un masaje se desarrolle correctamente de manera que tanto cuidador como caballo obtengan los mejores resultados, deberán respetarse una serie de principios generales, que a continuación detallamos: 


1. APROXIMACIÓN AL CABALLO: los primeros minutos que se pasan con el caballo resultan cruciales para el desarrollo posterior del masaje; sólo si conseguimos desde el principio transmitir una imagen de seguridad, nos aseguraremos de que el caballo se sienta cómodo y relajado.


Por ello es aconsejable que, antes de lanzarnos, observemos durante un rato al animal tratando de comprobar cuál es su estado. 


Por supuesto nosotros también debemos calmarnos y nunca empezaremos un masaje si tenemos prisa, estamos cansados o simplemente hay algo que nos inquieta, puesto que todos estos sentimientos pueden transmitirse al caballo

.
Durante la aproximación deberemos hablarle con voz suave y tono tranquilizador.
Nos acercaremos por los flancos, nunca de frente y siempre con las manos a la altura de la cintura. Por supuesto deberemos dar signos de nuestra presencia antes de tocar al caballo, puesto que de otra forma puede asustarse. 

2. EL PRIMER CONTACTO: serán necesarias unas grandes dosis de tranquilidad y sensibilidad para ese primer contacto. Nos tomaremos nuestro tiempo , la prisa en este caso es también mala consejera.

Conviene comenzar tocándole el cuello a la altura del hueso occipital, de forma muy sutil.
El contacto se deberá ir aumentando progresivamente, tanto en su duración como en su profundidad. 

3. LA POSTURA: un masaje puede alargarse durante más de una hora, por ello mantener una correcta postura no sólo nos va a ayudar a no cansarnos en exceso, sino que además conseguiremos conservar la energía necesaria, exprimiendo al máximo la eficacia mecánica del cuerpo.

Una buena postura permite que la energía que fluye de las manos del masajista pase al caballo.

Los principios de una correcta postura son: 


• Espalda recta: pero sin rigidez ni tensión. 


• Hombros sueltos y con suficiente movilidad. 


• Cabeza alineada con la columna. 


• Estirar brazos, flexionando los codos ligeramente (debemos sentir que el trabajo se realiza desde los codos y no sólo con las manos). 


• Flexionar ligeramente los rodillas, manteniendo los pies separados, a una distancia equivalente a al ancho de los hombros. 


• Cuando deba aplicar presión, conviene trabajar desde la pelvis, puesto que es la única manera de ejercer la fuerza necesaria. Revise que su postura es la correcta varias veces a lo largo del masaje.


4. PERCIBIR SENSACIONES A TRAVÉS DE LAS MANOS: aunque al principio puede que no nos resulte muy sencillo, debemos aprender a traducir los datos que el caballo nos transmitirá a través del contacto con nuestras manos: 

• Temperatura: la temperatura corporal de un caballo es de 38º, cualquier cambio en esta cifra es el síntoma de un problema. Así si notamos una zona demasiado fría en comparación con el resto del cuerpo es muy posible que sea el signo de un problema como una contracción muscular, tensión profunda... Por el contrario una zona que aparezca calienta es síntoma de una inflamación. 

• Textura: densidad y elasticidad de la piel y de las fibras musculares. Si un tejido está demasiado blanco o demasiado hinchado puede indicar la presencia de un edema o la existencia de una afección inflamatoria.

• Terneza: se trata de la respuesta dada por el animal al contacto: una sensibilidad excesiva indica la existencia de algún problema (lesión). Tenga en cuenta que la reacción del animal ante el contacto siempre será proporcional a la gravedad del problema en ese momento. 

• Tensión: la tensión muscular es el resultado de un exceso de trabajo o de ejercicio. Un exceso de tensión produce la disminución de la circulación y de la cantidad de nutrientes y oxígeno. Si esta sobretensión se produce tras el ejercicio es totalmente normal, pero si se produce tras un periodo de descanso, será la respuesta de compensación ante un problema. 

5. LA PRESIÓN: puede que en principio nos resulte difícil calcular la cantidad de presión que ejercemos sobre el cuerpo de nuestro caballo, para conseguirlo muchos realizan prácticas previamente en la báscula del baño o de la cocina, así sabremos el nivel de presión ejercido en cada momento y hasta dónde podemos llegar (empezamos por 2/5 kilos, después de 5 a 10 kg....); teniendo en cuenta que:. 

• Roce con el dedo: supone una presión entre 45 y 450 gr. 

• Roce ligero: presión entre 1 y 1,5 kg. 

• Roce medio: presión entre 1,5 y 2,5 kg. 

• Roce firme: 3,5 a 4,5 kg. (5,5 en un caballo pesado). 

A la hora de trabajar con nuestro caballo será importante no ejercer demasiada presión, puesto que podemos llegar a lesionar las fibras musculares.

La presión puede variar en cada caso, dependiendo de los síntomas que presente el caballo y de la finalidad buscada con el tratamiento; si bien siempre comenzaremos con poca presión y la iremos aumentando progresivamente a medida que avanza el masaje. 

6. EL CONTACTO: a través de nuestras manos se transmite gran cantidad de información, tanto del caballo al masajista como a la inversa. Resulta fundamental ser capaces de enlazar todas las caricias, dando una sensación de continuidad a todo el movimiento y evitando perder la relación establecida entre caballo y amo. 

7. EL RITMO: en principio debemos decir que el ritmo de movimiento deberá ser pausado, lento, con lo que se consigue la completa relajación del sistema nervioso.
Los ritmos rápidos tienen la función de estimular al caballo y suelen ser utilizados como preparación antes de la monta o antes del trabajo, o simplemente para calentarle cuando siente frío.



CONSEJOS GENERALES PARA LA REALIZACIÓN DE UN MASAJE






Recopilamos a continuación una serie de consejos de carácter general sobre los que debemos y no debemos hacer para el desarrollo de un correcto masaje. 




Tenga en cuenta todos estos puntos, puesto que pueden suponer la diferencia entre obtener o no resultados con esta actividad: 





Antes de dar un masaje, compruebe siempre el estado de salud del animal. Asegúrese de que no existe ninguna contraindicación que pueda desaconsejar tocar una zona determinada. 



Procúrese la ayuda de otra persona, que sujetará al caballo por el ronzal o la cuerda. En caso de que esto no resulte posible, deberemos atar al animal a dos vientos, procurando que la cabeza quede suelta para que no interfiera en su relajación. 




Busque el lugar y situación ideales, para ello vigile los siguientes puntos: 




• Si la cuadra es pequeña, iremos fuera de la misma (el pasillo o incluso al aire libre puede resultar más cómodo). Debemos tener en cuenta que un espacio es pequeño puede resultar peligroso en caso de que el caballo se asuste por cualquier cosa imprevisible. 




• Estar al aire libre siempre será bueno, pero no al sol si éste está pegando con fuerza. 




• Evitaremos las corrientes de aire. 




• Trataremos que el ambiente sea lo más relajante posible, evitando ruidos. El empleo de música suave es un truco muy utilizado y que ha demostrado dar sus resultados. 




• Con el fin de mantener esta tranquilidad, evitaremos la presencia de otros animales domésticos. 


Antes de comenzar la sesión, deberemos limpiar al caballo. Nunca se debe realizar un masaje a un caballo sucio. 


Siempre se empezará con una presión muy leve, que se irá aumentando a medida que se realiza el masaje. No tenga prisa, los masajes deben llevar su tiempo y cualquier presión vigorosa o más fuerte de lo normal puede poner nervioso al caballo. 




Para mantener el ambiente de relajación, hablaremos constantemente con el caballo, utilizando un tono tranquilizador. 




Por supuesto, nos quitaremos todas las joyas de dedos y muñecas y trataremos de llevar las uñas cortas. 


En cuanto a nuestra vestimenta, se recomienda: 


• Llevar ropa cómoda, que nos permita total libertad de movimientos. 




• Botas duras (el caballo puede pisarnos). 




• En caso de que haga frío, podremos ponernos unos guantes de montar de piel que sean lo suficientemente finos para no perder el “tacto”. 




No dejaremos de observar las reacciones del caballo ante los diferentes movimientos que vamos haciendo, esto nos ayudará a determinar si existe algún problema en una zona en concreto y, por lo tanto, podremos trabajar en las siguientes sesiones más adecuadamente. 


Tras una sesión conviene establecer un programa de ejercicios para las siguientes, que nos ayude a desarrollar un correcto tratamiento hasta la completa curación del caballo. 


LOS MOVIMIENTOS


A nivel general se puede hablar de ocho tipos de movimientos de masaje, cada uno de los cuales se compone de varios movimientos que pueden producir efectos relajantes o estimulantes, según la presión y el ritmo adoptado. 


Conozcamos estos movimientos: 




1. CARICIAS: deben tener un efecto tranquilizante y relajante, teniendo un efecto directo sobre el sistema nervioso central; de hecho un masaje siempre debería comenzar y finalizar con caricias, además de utilizarse para enlazar los distintos desplazamientos. 


Las caricias se deben realizar con las yemas de los dedos o con las palmas de las manos, recorriendo relajadamente la superficie del cuerpo del caballo con una débil presión. En caso de que agilicemos el ritmo, el efecto de las caricias variará, pudiendo pasar a ser estimulantes e incluso excitantes.

Preferiblemente seguirán la dirección del pelo o los músculos en su sentido longitudinal. 


2. ROZAMIENTOS: los más usados durante el masaje (cada dos movimientos, para acentuar el efecto de drenaje que se persigue). Se trata de movimientos de deslizamiento realizados con dedos y palmas. La mano debe adaptarse a la zona masajeada, permaneciendo en contacto constante con ella.


Pueden utilizarse ambas manos simultáneamente o ir alternándolas con movimientos constantes y uniformes.

Los rozamientos deben realizarse hacia el corazón para favorecer el movimiento natural de la circulación sanguínea venosa. La presión debe ser uniforme a lo largo de todo el movimiento, teniendo en cuenta que el nivel de drenaje es proporcional a la presión aplicada y al ritmo. Así si se aplica poca tensión y un ritmo lento, tendrán un efecto relajante y mejorarán la circulación, pero si se hacen con una presión superior a 4,5 kg., aunque el ritmo sea lento, servirán para estimular la circulación sanguínea.
A la hora de realizar rozamientos en zonas estrechas, será recomendable utilizar únicamente los dedos, no la mano entera, teniendo en cuenta que la presión siempre debe adaptarse a la zona en la que se está realizando el rozamiento. 


3. PRÉTISSAGE: recibe este nombre la técnica que reúne los movimientos de amasamiento, compresión, presión, levantamiento, deslizamiento con compresión y rodamiento: 




• Amasamiento: movimiento rítmico circular (pequeños semicírculos sucesivos superpuestos), realizado con los pulgares o con la superficie inferior del índice, medio y anular.


Con esta técnica se pretende mejorar el bombeo del corazón, con lo que se estimula la circulación sanguínea y se mejora la oxigenación. También mejora el drenaje linfático, permitiendo localizar puntos de tensión.

Si se pretende realizar una tarea de relajación, el ritmo debe ser de un movimiento por segundo, mientras que si el objetivo es estimularlo, deberá aumentarse hasta 2 ó 3. Resulta fundamental controlar la presión, comenzando suavemente (entre 1 y 1,5 kg.) y aumentando en los grupos musculares grandes hasta alcanzar una presión de entre 4,5 y 6,5 kg. 


• Compresión: movimientos realizados con la palma de la mano o con el puño ligeramente cerrado, alternando las manos y tratando de ejercer una presión directa contra el músculo. Para realizarlos nos deberemos servir de nuestro peso corporal.


Con ella se favorece el bombeo del corazón, teniendo los mismos efectos que el amasamiento.

Se utiliza en las zonas del cuerpo más grandes y voluminosas, nunca en las partes óseas o de musculatura fina. La presión máxima recomendada es de entre 5 y 14 kilos. El ritmo no debe ser rápido. 


• Presión muscular: utilizada para la relajación de músculos tensos, principalmente los que se encuentran a lo largo de la crin, las extremidades y la cola. Cogemos el músculo y lo presiona mos con suavidad.


El movimiento de presión debe realizarse con los dedos y la parte inferior de la palma de la mano, tratando de mantener de forma constante el contacto.

Con él se consigue la relación del músculo así como un aumento de la circulación, al tiempo que nos dará importante información sobre la tensión existente en las fibras musculares.
No se debe aplicar mucha fuerza (el objetivo es la relajación del músculo). 


• Levantamiento muscular: a realizar con las palmas de las dos manos y los dedos estirados: se envuelve el cuerpo con ambas manos y se presiona con suavidad, separando el músculo de su estructura muscular y formando ángulos rectos; el movimiento consiste en presionar y soltar el músculo. 


Esta técnica suele utilizarse en la parte superior de las extremidades, siendo útil igualmente en la articulación de la babilla y en la parte superior del cuello. 


• Deslizamiento con compresión: indicado para tratar la zona del dorso, las espaldas y los cuartos traseros; siendo muy adecuado para mejorar la circulación y combatir la inflamación, por lo que suele realizarse después de desensillar al caballo.


Debe efectuarse con las palmas de la mano, colocando los pulgares formando un ángulo de 45º con el resto de la mano.

El ritmo debe ser tranquilo. 

• Rodamientos: utilizada para mantener el pelo en buen estado, prevenir la formación de adherencias y mantener la elasticidad de la piel.


Consiste en coger y levantar la piel situada entre los pulgares y los dedos, para lo cual se desliza el pulgar hacia delante desplazando la piel hacia los dedos. Todo esto debe realizarse de forma lenta y suave, para no llegar a la excitación cutánea. 


4. VIBRACIONES: utilizadas para actuar sobre las estructuras profundas (músculos y articulaciones) que se localizan bajo los tejidos superficiales, si bien no resulta recomendable en la parte de la cabeza. Consiste en hacer vibrar la mano en principio sólo con el propio peso de la misma y después aumentando progresivamente hasta conseguir el estiramiento de la estructura tratada.


Este masaje es muy adecuado para la relajación del sistema nervioso, por lo que suele utilizarse para las articulaciones y alrededor de las prominencias óseas, donde se consigue el efecto de reducir la inflamación traumática, consiguiendo buenos efectos también con dolencias como el reumatismo o la artritis. 


5. AGITACIONES: movimientos mecánicos muy enérgicos utilizados para aumentar la circulación.


Se realizan manteniendo las puntas de los dedos de las manos en contacto con el cuerpo. Hecho de forma enérgica es uno de los movimientos más estimulantes.

La presión deberá estar entre el 1,5 y los 2,5 kg., adaptándola a cada situación. 


6. FRICCIÓN: utilizada principalmente en las terapias deportivas para deshacer las adherencias y el tejido cicatricial desarrollados sobre las fibras musculares, los tendones, ligamentos y huesos. Con estos movimientos se produce una estimulación mecánica del cuerpo y se fomenta la circulación sanguínea.


Deben ser movimientos pequeños y profundos, en forma de círculo, que se aplican de forma transversal sobre le músculo o longitudinalmente sobre la zona recubierta de tejido fibroso. 


7. MANIPULAR TEJIDOS NERVIOSOS: significa acariciarlos, friccionarlos, estirarlos y presionarlos. Durante el desarrollo de este tipo de movimientos deberemos ser sumamente cuidadosos para no dañar la zona, teniendo en cuenta que en caso de lesión, el nervio se encontrará hipersensible. 


El primer acercamiento debe ser casi imperceptible, hasta que el caballo acepte el masaje y a partir de ahí se irá aumentando la presión.

Tenga presente todo el tiempo que la manipulación de los nervios resulta sumamente dolorosa, sobre todo si éstos están lesionados.
Los movimientos necesarios para tratar una afección nerviosa son los siguientes: 
• Acariciar los nervios: con la única presión que la ejercida por el peso de los dedos que se deslizan sobre la piel, a lo largo de toda la extensión del nervio.
Antes de empezar, se puede enfriar la zona con un paño frío o directamente con la manguera (nunca con hielo directo sobre el nervio, ya que produciría sobre-excitación.
Las caricias también se pueden utilizar al final del masaje, para relajar al caballo. 
• Presión sobre los nervios: consiste en ejercer presión sobre puntos determinados del nervio, para restablecer la sensibilidad de las extremidades del caballo, con lo que se favorece el crecimiento del tejido nervioso nuevo. 
Comenzaremos con poca presión para ir aumentándola paulatinamente hasta un máximo de 1,5 kilos. 
• Fricción: resulta conveniente friccionar el nervio a lo largo de toda su extensión, con el objetivo de estimular su regeneración y crecimiento. Estos movimientos deberán realizarse siempre después de calentar la zona, para no sorprender al caballo. 
• Estiramiento: estiramiento de las extremidades que implican toda la extensión del nervio lesionado. Deben realizarse son suma suavidad, empezando con estiramientos muy pequeños y aumentando la intensidad de manera progresiva. Solamente se realizarán en la fase de recuperación de una lesión, nunca en su fase aguda. 


GOLPETEOS




• PALMOTEO: 


Utilizaremos las palmas de las manos, colocándolas planas con los dedos perfectamente estirados. 

Comenzamos realizando poca presión (1-1,5 kilos), para finalizar más fuerte (2,5/4,5 kilos). 
Ritmo: comenzaremos con 2 ó 3 golpes por segundo y cuando el caballo esté caliente, pasaremos a 6. 
El palmoteo sólo se puede aplicar sobre grupos musculares, nunca sobre huesos.
En los músculos estrechos debe aplicarse siempre poca presión. 


• GOLPETEOS CON LA MANO AHUECADA 


Colocamos la mano ahuecada, como si fuéramos a coger agua. 

Aplicamos una presión de entre 2,5 y 4,5 kilos. 
Ritmo: comenzaremos con 2 ó 3 golpes por segundo y cuando el caballo esté caliente, pasaremos a 6. 
Esta técnica se emplea sobre la caja torácica y alrededor de las estructuras óseas. 


• GOLPES DE HACHA 


Este tipo de golpes se aplican con la parte lateral de la mano, manteniendo los dedos estirados (pero flexibles). 

La presión a aplicar será de entre 2,5 y 4,5 kilos, con un máximo de 7 kilos sobre los músculos más gruesos. 
Ritmo: comenzaremos con 2 ó 3 golpes por segundo y cuando el caballo esté caliente, pasaremos a 6. 
Este tipo de golpe permite penetrar más en el músculo, siendo ideales para tratar los dorsales y los músculos gruesos de los cuartos traseros. 


• PERCUSIONES 


Para aplicar percusiones debemos utilizar la parte lateral del puño cerrado y relajado. 

La presión será de entre 4,5 y 6,5 kilos, con un máximo de 9 en los grupos musculares más grandes. 
Ritmo: deberá ser constante, de sólo 2 ó 3 golpes por segundo. 
La aplicación de esta técnica fomenta la circulación de los líquidos corporales.
En las partes blandas sólo lo utilizaremos después de los palmoteos y de los golpes de hacha. 


• MARTILLEOS 


Cerramos el puño con fuerza y golpeamos. 

Presión: de 7 a 11 kilos. 
Ritmo: deberá ser constante, de sólo 2 ó 3 golpes por segundo. 
Sólo se utiliza para estimular los grupos musculares grandes y los cuartos traseros.


LA IMPOSICIÓN DE MANOS


Con la expresión “imposición de manos” se conoce un tipo de masaje de alto valor terapéutico utilizado para aliviar los efectos de las heridas graves, de procesos inflamatorios, sobreexcitaciones nerviosas y tensiones de origen mecánico o nervioso. 

Realizaremos imposición de manos siempre que no sea posible efectuar un masaje tradicional o bien después de éste para mejorar su efecto relajante. Su objetivo es el de aliviar la zona afectada, al tiempo que relajar al caballo tanto psicológica como físicamente. 
Por todo ello éste es, quizás, el masaje que requiere de mayor concentración, resultando necesario para obtener resultados que cuidador y caballo se sientan perfectamente compenetrados. 
Para realizarlo debemos seguir estos puntos: 
• Colocamos las manos con suavidad sobre la zona en la que vamos a realizar el masaje. 
• Aplicamos una presión muy leve (250 g.). 
• Es necesario que el masajista note el calor que surge de la zona. La cantidad de calor siempre será proporcional al grado de tensión y de dolor que sufre el animal. 
Al finalizar la imposición, el caballo sentirá una gran sensación de alivio en la zona dolorida.


RESUMEN


A modo de resumen de lo comentado en estos tres artículos dedicados a los masajes a caballos, y poniendo en práctica todo lo que en ellos hemos explicado, hablaremos ahora de los movimientos que deben contemplarse a la hora de realizar un masaje correctamente. 

En primer lugar, debemos recordar que un masaje siempre debe tener tres grandes objetivos. 
• Tranquilizar. 
• Estimular. 
• Generar reflejos nerviosos. 
Veamos cómo conseguirlo:


MASAJE TRANQUILIZANTE


Con un masaje tranquilizante podemos llegar a interrumpir la llegada de impulsos nerviosos a los músculos, lo que significa relajación de la zona.

Para conseguirlo, los movimientos son los siguientes: 
• Caricias, que deberán realizarse a un ritmo lento. 
• Rozamientos suaves. 
• Vibraciones suaves. 
• Sacudidas tenues. 
• Amasamientos suaves (aplicando las técnicas de deslizamiento, presión y compresión). 


MASAJE DE ESTIMULACIÓN


Con este masaje los efectos buscados son totalmente contrarios a los del masaje tranquilizante, puesto que se pretende excitar los nervios situados en los músculos con el objetivo de estimular el tono muscular. 

Debemos ser conscientes del grado de estimulación que deseamos, puesto que éste determinará el ritmo y la presión con la que realizar cada movimiento, teniendo siempre presente que debemos comenzar de manera pausada para no incomodar al caballo y, progresivamente, ir aumentando el ritmo. 
Nos basaremos más en la repetición mecánica de los movimientos que en la presión ejercida; por lo que no es necesario realizar mucha presión (entre 5 y 10 kilos es más que suficiente). 
Los movimientos de estimulación son: 
• Caricias rápidas. 
• Rozamientos. 
• Vibraciones enérgicas. 
• Sacudidas enérgicas. 
• Fricciones suaves y enérgicas. 
• Manipulación de los nervios mediante presiones, fricciones y estiramientos. 
• Golpeteo con manos ahuecadas, golpes de hacha, percusiones y martilleo. 


MASAJE PARA PRODUCIR REFLEJOS NERVIOSOS


Con los movimientos que producen reflejos nerviosos se consigue disminuir la tensión nerviosa, el estrés y la ansiedad, generando una gran sensación de relajación.

Estos movimientos son: 
• Caricias. 
• Vibraciones suaves. 
• Imposición de manos.


Fuente: jineteycaballo.blogspot.com.es